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¿Vale la pena ver la película "Backrooms" de A24 en cines?

  • Writer: @ChrisWolfss
    @ChrisWolfss
  • Jun 2
  • 2 min read

Un fenómeno mainstream que raspó la superficie.



Si han estado en internet durante los últimos diez años, sabrán que el fenómeno de los Backrooms y los espacios liminales es una de las joyas más perturbadoras del terror analógico. Por eso, cuando se anunció que A24 produciría un largometraje dirigido por el mismísimo Kane Parsons —el creador del corto viral— las expectativas estaban por las nubes.



Sin embargo, tras salir de la sala de cine, mi recomendación honesta es: no gasten su dinero. Mejor vean Obsession. Pero si quieren experimentar la verdadera esencia de este universo, es mucho mejor quedarse en casa y volver a ver los videos originales en YouTube. Aunque ambos proyectos vienen de la misma mente, la transición a la pantalla grande dejó un sabor agridulce.



El dilema de "Hollywoodizar" el nicho

La película no es mala. Dura 105 minutos que se pasan rápido, mantiene el suspenso y, para ser justos, no da sueño en ningún momento. Cumple perfectamente su función como un puente para llevar este fenómeno global al mainstream. Para el público general que nunca ha escuchado hablar de un pasillo amarillo fluorescente, es una gran introducción. El problema es que se siente demasiado Hollywood. El terror analógico y los Backrooms funcionan gracias a esa incomodidad psicológica que los angloparlantes llaman uneasy, un sentimiento profundamente ligado al Uncanny Valley (el valle inquietante). Es esa sensación de que algo está terriblemente mal en tu entorno, aunque no puedas ver qué es.

Lamentablemente, la película comercial se apoya demasiado en el suspenso tradicional de "mucho ruido y pocas nueces", donde hay tensión pero al final no pasa nada trascendental. Para los que llevamos una década siguiendo este lore, la película barely scratched the surface (apenas arañó la superficie). Se siente como la primera instalación de una franquicia que la industria va a exprimir hasta morir.



El poder del formato crudo

Es irónico que el cortometraje de 13 minutos —la versión cruda y minimalista que hizo que una productora tan respetada como A24 apostara por el director— logre explorar y transmitir el universo de los Backrooms muchísimo mejor que una producción millonaria. En el corto, la atmósfera te ahoga; en la película, la estructura comercial le quita esa pureza.

Si quieren recordar qué es lo que hace que este concepto sea tan brillante, les dejo el origen de todo para que juzguen ustedes mismos:




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