¿Por qué Euphoria tenía que terminar de la manera en la que terminó? (SPOILERS)
- @ChrisWolfss

- Jun 2
- 2 min read

En medio del debate y el alboroto por el desenlace de la serie, he escuchado a mucha gente quejándose, diciendo que el final estuvo mal. Pero, honestamente, cuando uno escucha al director y presta atención a la historia, te das cuenta de que el cierre dice muchísimo de la cruda realidad de lo que es estar en esa situación. La gente que critica muchas veces no sabe lo que es lidiar con la adicción; y no hablo solo del que la sufre, sino de lo jodidamente fuerte que es para un familiar o un amigo tener que cargar con eso, sabiendo que ellos dependen de ti.

Obviamente, todos vimos a esta muchachita y, de manera natural, quisimos ponerla en un pedestal. Esperábamos que, a pesar de que la manta estaba haciendo lo mejor posible, triunfara y saliera adelante. Pero la realidad estadística es destructiva: las personas en su situación usualmente no la tienen fácil. La adicción es una enfermedad que te roba la capacidad de tomar las decisiones adecuadas para mejorar; destruye vidas y, trágicamente, muchísimos casos terminan en sobredosis.

Por eso, establecer el porqué tenía que morir Rue es una píldora difícil de tragar. Es el personaje que alentamos e impulsamos durante temporadas, en quien pusimos todas nuestras esperanzas. Pero no es que "tenía que morir" porque sí, sino que, tristemente, era lo que le iba a suceder. Rue estaba intentando mejorar, pero ya estaba involucrada hasta el cuello en medio de todo. Al final, las facturas se cobran, y se cobraron con ella. Es un desenlace doloroso, pero es el clímax que le da un cierre con justicia completa a todo lo que pasó.

Recomiendo encarecidamente ver el detrás de cámaras y escuchar al director hablar sobre esto. Euphoria se convirtió en una historia genuina, auténtica y real sobre la adicción, y su creador se mantuvo firme en no suavizar la realidad en la que vivimos. Hay que estar conscientes de eso.
Si miras hacia atrás, la evolución es impresionante. Pasamos de ver una primera y segunda temporada que parecían de peladitos en la escuela a los que les gusta drogarse, a encontrarnos con una tercera temporada que es una auténtica masterpiece. Está tan impecablemente escrita, dirigida y visualizada que no sé si Quentin Tarantino la estará viendo, pero estoy seguro de que homenajearía la genialidad de esta producción. Al final, la serie no es un drama adolescente más; es un golpe de realidad necesario, crudo y magistral que se niega a maquillar la tragedia.






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